lunes, 11 de enero de 2010

Volver al Edipo

La relación entre Volver al Futuro de Robert Zemeckis y Edipo Rey de Sófocles es tan obvia que resulta casi trivial mencionarla.

Edipo, advertido por el Oráculo de Delfos que su destino era matar a su padre y desposar a su madre, intenta evitar el cumplimiento de la profecía alejándose de su hogar en Corinto, partiendo hacia a Tebas. Sin saber que en Corinto era hijo adoptivo, mata por el camino a su verdadero padre, el rey de Tebas, y más tarde se une a su propia madre con quien procrea tres hijos-hermanos. Cuando finalmente se entera de cuanto la ha cagado se arranca los ojos y se exilia de la ciudad. La tragedia de Edipo, uno de los grandes clásicos de la literatura, se popularizó aún más a través de la interpretación de Sigmund Freud, quien vio en la obra de Sófocles una representación artística (sublimación) de lo que llamó Complejo de Edipo: el deseo de matar al padre y acostarse con la madre por el que, según él, pasamos todos a la edad de tres a cinco años.



Marty McFly no mata a su padre ni llega a consumar con su madre, pero por un período de tiempo llega a concretar perfectamente la fantasía del Complejo de Edipo, sustituir a su propio padre y ocupar su rol en su relación romántica con su madre. En lugar de matarlo, Marty cree estar salvándole la vida a su padre cuando evita que lo arroye un coche y es atropellado a su lugar. Pero de esta manera Marty quita a su padre de en medio, quedando en el mismo momento, el mismo lugar y la misma circunstancia que había desencadenado el enamoramiento inicial de su madre hacia a su padre. Para horror de Marty, las miradas de compasión y deseo de su madre hacia el pobre accidentado ahora van dirigidas a él.

McFly no viaja en el espacio, de Corinto a Tebas, sino en el tiempo, de la década del ochenta a la década del cincuenta. No lo moviliza el misterioso oráculo sino el aún más enigmático Doctor Brown con su máquina del tiempo, el DeLorean. Su esfuerzo por enderezar el curso del destino, no surge a raíz de la predicción profética del futuro, sino por los embrollos del viaje en el tiempo, la paradoja temporal que amenaza con eliminar su propio nacimiento. Me puedo imaginar a Sófocles leyendo con interés "La máquina del tiempo" de H. G. Wells, y escribiendo un guión similar. Estoy seguro de que si volviéramos a la antigua Grecia y le lleváramos una cámara filmadora, lo instáramos a mitigar su tendencia de dramaturgo trágico a arrancar ojos y repartir muertes violentas y horripilantes entre sus personajes, el resultado sería Volver al futuro. Aunque quizás se producirían algunas diferencias culturales un poco más bruscas si la Pepsi Diet, el Skateboard, el Rock and Roll y la nociva costumbre de mantener más de un televisor en la misma casa, se adelantaran de los años ochenta al siglo V a.c.

Un poco menos obvia y bastante menos comúnmente notada que la relación entre Volver al Futuro y Edipo Rey, es la relación entre Volver al Futuro II y otro clásico que según Freud también representa al Complejo de Edipo: Hamlet de William Shakespeare. Hamlet no puede matar a su padre, el rey de Dinamarca, y quedarse con su madre, puesto que su tío y hermano del difunto rey, ya lo ha hecho. El fantasma del padre asesinado se le aparece a Hamlet al principio de la obra y le ordena vengar su muerte. Pero a Hamlet, entre cuestionamientos existenciales, episodios de locura reales o fingidos, obra de teatro en la corte, viaje de ida y vuelta a Inglaterra, conversación con un cráneo y un largo etcétera, le lleva lo que puesto por completo en escena serían seis horas de drama, antes de darle muerte a su infame tío (y morir él mismo en la contienda, claro está). Según la interpretación freudiana, esa dificultad que tiene Hamlet para la acción no se debe a minucias existenciales, sino a que se siente identificado con su tío que ha puesto en práctica sus deseos más íntimos y censurables, atacarlo sería como atacarse a sí mismo. El tío y el sobrino representan la batalla de sentimientos encontrados que en la realidad se suelen dar dentro de una misma persona.



En Volver al Futuro II, Biff, el archi-enemigo de los McFly (padre e hijo), antiguo pretendiente de la madre en su época de adolescentes, viaja al pasado y lleva a cabo de modo literal y sin escrúpulos lo que Marty ya había hecho en forma más figurada y reprimida en la primera entrega de la trilogía, apartar al padre (lo mata) y quedarse con la madre. Aprovechando la misma codicia de Marty (codicia económica en sentido manifiesto y codicia sexual en sentido latente), se le adelanta en aplicar la idea de utilizar una revista del futuro con los resultados de los eventos deportivos, para hacerse millonario a través de las apuestas. Biff, al igual que el tío de Hamlet, comete el crimen, se hace con el reino y con la reina, mientras que Marty queda atrapado en un mundo de pesadilla, aunque más jocoso y no tan filosófico como el del trágico Hamlet. Biff lo hace todo mucho más explícito y brutal, como los implantes mamarios que confiere a la madre de Marty, pero el deseo es básicamente el mismo que el ya expresado anteriormente el propio Marty.

No sé por qué, pero me cuesta más imaginarme a Shakespeare dirigiendo una producción de Spielberg que a Sófocles, la Inglaterra del siglo XVII se me antoja menos propensa a las demencias futuristas. No importa, con Volver al Futuro III, la trilogía ya sí se aparta por fin de la tragedia griega y del teatro isabelino.

4 comentarios:

  1. Encajo en lo que comentás. Había visto con toda claridad la similitud entre la primera y Edipo Rey, pero no se me había ocurrido comparar la segunda con Hamlet. Interesante.

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  2. Por cierto, el otro día no te lo dije, pero la otra película moderna que se parece muchísimo a Hamlet es "El Rey León".

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  3. Cierto, el Rey León también se parece a Hamlet. El tío mata al padre y se queda con la madre. Sólo Zimba lo sabe, se pasa media película haciendo Hakuna Matata hasta que al final lo enfrenta.

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  4. Desde Plauto y Terencio no hacemos otra cosa que "versionar".

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