martes, 1 de abril de 2008

El security. Primera parte.

Hace unos días estaba escuchando unas cumbias, de esas que sonaban en las discotecas cuando salía a bailar en Uruguay varios años atrás. Me hicieron recordar con nostalgia aquellos tiempos, aquellas anécdotas, en especial una anécdota en particular que merece la pena compartir:

Llevaba un buen rato bailando sobre una tarima, estaba hacia un costado cerca de los parlantes, a pocos pasos de la escalera por la que se podía subir y bajar de dicha tarima, que hacía las veces de escenario. A pesar de estar en un lugar elevado, me encontraba colocado de tal manera que no llamaba la atención. En eso veo que por la escalera empiezan a subir unas personas cargando más parlantes y demás instrumentos, dejo de bailar por un rato y me quedo observándolos. Bajan y vuelven a los pocos minutos trayendo más equipo, pasan varias veces más por al lado sin hacer caso de mí. Me doy cuenta que van dejando todo listo para que toque una banda. Me queda claro que no se supone que esté allí, siendo que no formo parte de la banda ni de los que cargan sus instrumentos. Pero ya que nadie repara en mí y parecen tomar mi presencia por natural, decido seguir el juego. Cruzo los brazos, me paro firme y pongo cara de seriedad. El conjunto musical sube finalmente al escenario, y yo, el nuevo guardia de seguridad, me quedo allí a un lado, vigilando que todo siga en orden.

Por su puesto, soy un security muy profesional que se toma su trabajo muy en serio. A las eufóricas admiradoras de los músicos que intentan subirse al escenario, les hago señas indicándoles que aquello está terminantemente prohibido y allí estoy yo para impedirlo. Una chica más osada que el resto, me pide permiso para ofrecerle un cóctel al cantante. Tomo el vaso, lo hago girar lentamente como si se tratara de una copa de vino, lo huelo con suspicacia, me mojo los labios, pruebo un poco y luego de hacer un gesto de aprobación se lo paso a su destinatario.

Desde abajo, dos amigas mías con quienes había llegado a la disco hacen su parte. Ruegan que por favor las deje subir, me envían besos con la mano como si fuesen mis admiradoras y me hacen gesto con la mano de que las llame por teléfono. Les devuelvo el gesto, indicando que más tarde las llamo. Otra chica de entre el público, una que no me conocía, le confiesa su envidia a una de mis cómplices: "¡No lo puedo creer!¡Te va a llamar!¡Qué suerte que tenés!"

Esa noche la pasé genial. Nos divertimos muchísimo y nos reímos por horas comentando con los muchachos los detalles de la ocurrencia. Pocas de nuestras salidas tuvieron resultados más bizarros, una de ellas fue la segunda vez que hice de "security".

5 comentarios:

  1. Muy buena la anécdota. Cuando se deja la vergüenza a un lado pasan las cosas más divertidas. A ver qué tal cuando llegue la segunda parte.

    ResponderEliminar
  2. Yo también espero leer esa segunda parte.

    Genial que escribas post de este tipo alguna vez, a todos nos han pasado cosas increíbles cuando perdemos la verguenza, como bien dice Alan.

    Un saludo compañero.

    ResponderEliminar
  3. Hola otra vez. En mi blogroll aparece esta entrada como si fuera tu última actualización, y lógicamente, con esa fecha, aparece tu blog abajo de todo. A lo mejor hay algún problema con tu feed.

    ResponderEliminar
  4. Alan, lo había notado. El problema es con feedburner, parece ser un bug de ellos. El problema es que no hay como contactar con ellos. Tienen un foro de ayuda, pero es para que usuarios se ayuden entre ellos, llega mucha gente con dudas pero nadie que tenga ninguna respuesta.

    Creo que hay dos formas de arreglarlo, lo iba a publicar pero me quedó en el tintero. Una es borrarlo del blogroll y luego reincorporarlo usando la opción para importar blogs desde tu google reader. La otra es cambiar en el gadget la dirección del blog por la dirección del feed: http://feed.feedburner.com/AsteroideB612.

    ResponderEliminar